Maraña de moños de guardia

Si me levanto con los moños enmarañados, ten cuidado conmigo, puedes guardar silencio para siempre o hablarme a través de tu abogado.
¿Es que no te ha explicado nadie que las 6 de la mañana no es una hora muy apta para relaciones sociales?
Anda , dale a tu twitter o a tu whatsapp y déjame desemarañarme.
Ten paciencia.
Cuando veas que se me aplacan las iras y se me aplanan las cejas, puedes comenzar a reírte de mí. Pero no antes. Aún estoy digiriendo el desastre de emocionalidad desatada en la última guardia. Todavía me como las lágrimas y estoy entrenándome para reconstruir mis escudos. ¿O crees que voy a salir a la calle tierna como una ostra sin perla ni concha?
Acompáñame, quédate, no te vayas. Ni soy de hierro ni soy de hormigón, pero tengo que poner manos a la obra.
No puedo desmoñarme en banalidades si antes no he dejado atrás el censo de muertes, agresiones y enfermedades que me arrasaron ayer. Me dejaron, triste y transparente.
Mírame si quieres, mientras amanso mi pelo y lo disciplino hasta formar un moño italiano de médica antigua. Dame las horquillas. Dame un respiro. Dame un beso.

Confieso: He conducido

He pecado, sí señor, y con muchas ganas y con mucho gusto: me he montado en el coche, mirando a los lados a ver si alguien me veía, y me he zampado otra vez unos cuantos kilometritos.
Empiezo a pensar que voy a tener que acudir a algún grupo de adictos al camión. Como siempre he tenido algo de pelo en el pecho, no me resultará difícil.
“Hola, me llamo xrisstinah de las marías y soy adicta a la rueda”
“hola, xrisstinah”, “te queremos xrisstinah”, “no estás sola xrisstinah”, “te sienta muy bien esa camisa de franela a cuadros, xrisstinah”.
Mis amigos y familiares ya han decidido pasarse a la bici, en solidaridad. O eso dicen. Ya veremos.
Me acuso de haber disfrutado del volante con la misma emoción que la primera vez que me subí a la noria. Pero no volverá a suceder. Bueno ya veremos también, que mis propósitos de la enmienda siempre han sido algo relativos. Y en caso de volver a recaer, la próxima vez cogeré por el camino a algún autoestopista para que me dé la paliza contándome su vida y me robe la cartera (con el carnet de conducir dentro, por supuesto). Siempre he sido muy refinada en mis autocastigos.
“Hola compañeros, he vuelto caer, he vuelto a darle al cambio de marchas, no merezco ni que me miréis a la cara”.
“todos somos humanos, xrisstinah”, “todos somos débiles”, “apúntate a un taller de pintura en tela, eso te hará mucho bien y se te pasarán las ganas de pisar aceleradores”, “te queremos xrisstinah, aleluya, aleluya”
Me he apuntado a un curso de patrón de embarcaciones de recreo.
Es que siempre me ha gustado llevar un poco la contraria.
Espero no pasarme al ron.