Te veo muy quemada

Querida mamita, te veo muy quemada, hecha cenizas.

Se acerca el día de los Difuntos, más conocido como aldíasiguientedeHalloween, y nos gustaría ir a esparcirte por donde tú querías, aunque cueste una multa que sabemos que tú no estarías dispuesta a pagar. Somos conscientes de que el señor multador sería capaz de darte dinero para que le dejaras descansar de tus argumentos cargados de orgullo maternal.

Tú te habrás muerto de cuerpo, pero yo te sigo viendo en el aire, en la luz, en la vida, sobre todo en tus plantas, que son tan retorcidas y tan raras como yo, pero que están echando unos capullos muy bonitos, como los que se acercan a mí para luego irse. Esas plantitas que regabas con tanto mimo y perseverancia, como hacías conmigo, mientras yo me parapetaba en mi adolescencia rebelde, recurrente e indurada como fósil de trilobites. Ahora las he heredado yo y las riego con el mismo mimo y cabezonería que tú. Me miran con un ligero aire de desamparo, pero saben que no tienen más remedio que dejarse cuidar por mí.

Es tu misma mirada, la de cuando estuviste muy muy malita y todo fue muy muy largo y desesperante. Con las gafas de concha y cristales que te agrandaban los ojos pidiendo ayuda, algo que jamás habías necesitado de mí.

Te recuerdo, activa, rápida, incansable y creativa, en aquellos tiempos en los que aún tus tres patitos íbamos detrás de ti con la lengua fuera. Siempre tan bien vestida y peinada, con esa colección de zapatos preciosos que solo tú sabías encontrar. Haciéndonos ver un mundo cargado de paisajes amplios con muchos caminos. Soy quien soy gracias a tu tesón ayudándome a encontrar un camino tan tuyo como mío. Has sido mi escultora, mi artista, a pesar de mi empeño en deshacerme una y otra vez, rompiéndome de forma dolorosa. Bueno a mi padre, tu maridito, también hay de dejarle un buen trozo del pastel del trabajo, pero eso espero contarlo dentro de unos cuantos años.

La mirada esa, la que me ha hecho reconciliarme contigo, recorriendo un camino tan duro y triste, la que despertó mi piedad, esa sensación agridulce que te desgarra por dentro. Esa forma de ponerte en mis manos, tú, un ser tan independiente, me desarmó de muchas corazas, me hizo sentirme muy frustrada e impotente por no poder hacer nada más por ti y nos dejó huérfanas a las dos.

Aunque, ya te digo, hoy te veo muy quemada, hecha cenizas, pero te siento sonriendo a esos capullos. Y me entra una alegría loca, ya sé que siempre estarás aquí.

Tu hijita

Msol

2 comentarios sobre “Te veo muy quemada

  1. Oí casualmente, “La rumba de las madres” y me sorprendí, porque no al uso, hacía referencia a la continuidad de las generaciones y al cariño mimoso de las madres. Se la dedico a ella y a ti como madres: https://youtu.be/9rLHiG2AnfE . La alegría permanece en los gratos recuerdos que dejan aquí, mientras que su inmortalidad te rodeara y protegerá siempre. Un abrazo

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  2. Ojalá mi hija me escriba algún día un epitafio así. Aunque lo que dices es tan bonito que no lo llamaría epitafio. Ni nombre le pongo, de tanto que me ha gustado. Un montón de besos, compi.

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